Te deshaces en un millón de caleidoscópicas palomas,
y ahora no tengo alas para seguirte.
Te vas con la tormenta,
y me quedo encerrado en el ojo del huracán.
Llueves y resbalas por entre los torrentes,
y la embestida de tu cauce es arrolladora.
Y es que se me derrama la inspiración por los ojos y por la boca.
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