A todas las estrellas,
fugaces.
Apátridas vagabundos surcando el cielo
en busca de los habitantes de un planeta cruel,
que disfruta con la contemplación de su último aliento.
Al placer de ver como se extingue,
como muere, lo que algún día brilló más que tú.
Al morbo de presenciar los corazones explotando
con un último latido púrpura y desesperanzado.
A la crueldad que reside en ti; en mí.
A la fugacidad de las estrellas,
que ya ni viven,
ni mueren,
ni nacen.
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