Excursiones por la nada.

Que tengamos un buen viaje.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Noches de ámbar.

Manos congeladas que se desmoronan cuando van a abrazarse. Que llenan la habitación de escarcha. El aire se satura de frío, y un millón de carámbanos de hielo palpitan por la sala, llenándola de una niebla limpia y translúcida. La luz parece separarse en siete colores, para después morir, quemada por un flash destelleante que inunda de ceguera unos ojos negros y vacíos.

Después del primero, toda una ráfaga se desata, y se me llena la cabeza de chasquidos y explosiones. Las pulsaciones se aceleran, mis músculos se tensan, unos leves temblores se apoderan de mis extremidades. Y sin embargo, mi mirada sigue perdida en aquella nube de hielo.

En aquellas paredes desgastadas y carcomidas por la humedad. En esas manos que se han despedazado antes de encontrarse. Que se han dispersado en la noche ámbar de las calles de la ciudad.

Ni el local más recóndito y enmohecido de toda esta metrópolis afilada pudo escondernos de nosotros mismos. Ojalá hubiéramos corrido más fuerte.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Elegía al yo.

Me pierdo y giro y ruedo calle abajo.
Y me revuelco en el barro y escupo.
Y como mierda con las dos manos.

Llegas con la Luna de diciembre
a templar los corazones helados.
Y salgo del barro,
y me abrazas con manos de carbón.

Alzas el vuelo y te vas con el viento de primavera.
Se me han caído las alas en la travesía.

Y el Sol de agosto cauteriza las heridas,
y las manos se desentumecen.
Ya no están dormidas.

Pero todo sabe a abril.
Siguen derrumbándose los tejados.

Y quedan muchas primaveras.
Y abril se va de la boca,
pero no de las palabras,
ni de los ojos,
ni de mí.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Difuminado.

El miedo a que los rostros que una vez fueron claros,
nítidos como la luz anaranjada
cuando deja de llover al atardecer,
se vuelvan borrones,
desvaneciéndose en el aguamarina de oníricos pantanos.

Pasar de poder tocar con tus propias manos,
a ya no ver más que una sombra
de lo que fuiste,
de lo que has perdido
y de todo lo que te queda por perder,
cuando te da por sentir
que no queda nada que ganar.

Arrebatos de sinceridad que se ahogan
a punto de salir por la garganta.
Que convierten una canción,
en una arcada,
en una mueca repugnante.

Derrames cardíacos
de las manos que ya no se tocan,
amputadas,
bajo el rocío de la mañana.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Fugacidades.

A todas las estrellas,
fugaces.

Apátridas vagabundos surcando el cielo
en busca de los habitantes de un planeta cruel,
que disfruta con la contemplación de su último aliento.

Al placer de ver como se extingue,
como muere, lo que algún día brilló más que tú.

Al morbo de presenciar los corazones explotando
con un último latido púrpura y desesperanzado.

A la crueldad que reside en ti; en mí.
A la fugacidad de las estrellas,
que ya ni viven,
ni mueren,

ni nacen.

jueves, 20 de agosto de 2015

Reflejos.

Has mirado a los ojos a las lunas de Saturno,
y sin embargo
todavía no eres capaz de mirarte al espejo.

miércoles, 17 de junio de 2015

Policromía de las entrañas.

Todos nacemos con los dedos de tinta. 
Las yemas manchadas de un azul pegajoso. Con el negro del carboncillo.
El rojo de la sangre.

Me deprime ver a todos a los que se les ha secado el color, a esos a los que les da miedo mancharse.

Noches que han acabado sucias,
repletas de palabras desnutridas.

Policromía de las entrañas;
que cura el daltonismo cardíaco.

viernes, 22 de mayo de 2015

Cielos perdidos.

Cielos,
a punto de explotar
cargados de melancólica polución.

Humo que pesa
en las almas de los viandantes.

Que se dirigen, perdidos
a perderse en el asfalto hirviente.

Que perdidos
giran la cara,
por miedo de encontrarse en la mirada
perdida,
de cualquier otro vagabundo.

domingo, 10 de mayo de 2015

Salmuera.

Miras a sus ojos desbordantes de galaxias una vez más. Podrías zambullirte de un salto en ese agitado océano. Has llegado a verte reflejado en sus estrellas vidriosas y caleidoscópicas mejor que en cualquier pulido espejo. Su imagen duele como el granizo, y en ocasiones, incluso desprenden un leve aroma a azufre, como si parte del abismo que se esconde tras ellos lograra escapar a la superficie, a borbotones, difícilmente reprimido por la densa línea de lápiz de ojos que la rodea. 

Ojos que saben a alcantarilla y a cerveza al mismo tiempo.

Un chasquido de delgados dedos, y todo tu Universo se desvanece de golpe, a la velocidad de un parpadeo.

 -Siempre te quedas así, ensimismado, como mirando al vacío. Parece que estuvieras a punto de saltar de un precipicio. Ahora en serio, dime, ¿qué quieres hacer esta tarde?

 -Vámonos de viaje. Adonde sea, me da igual. Quiero ver la espuma del mar contigo, oler el salitre pegado en la ropa, abrazarnos en salmuera. Quiero una tarde que dure semanas.

sábado, 28 de marzo de 2015

A tortas.

Todavía araña, la garganta
mirarte por los domingos rotos.

Todavía duele,
cuando llega abril
y te sopla en los ojos.

Me viene a la mente tu olor de café
entrando a tortas por la habitación en las mañanas.

Estados.

Parece mentira que después de alguna primavera
y más de un verano,
aún me escueza mirar por la noche
y encontrarme con tus ojos,
chapados,
al amargor de la noche fresca.

Espero que las pocas noches que escribo borracho,
compensen las noches en las que
sobrio
intento no acordarme de ti.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Bombas atómicas.

Hoy estabas bonita.
Me has mirado con medio millar de ojos
húmedos.
Como siempre.

He chapoteado un rato por los charcos que dejas en el asfalto,
donde el frío me ha calado hasta los huesos.
Tiritones de brisa llorona
que a ratos entran por la ventana.
Que me saben a abrazos, sucios y descompuestos.
El amargor de la última arcada,
que se va por la puerta cuando ni siquiera estoy mirando.

Quemas en las pupilas, secas de tanto mirar al Sol.

Todavía resuena el eco de tu supernova.

Y es atronador.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Días tontos.

Me da tanto miedo olvidarte.

Me aterroriza recordar que parte de mí se fue contigo.

Nos echo de menos.


Estación ocasional.

Sabe a verano,

pero todavía huele a invierno en mi cabeza.

Retazos de primavera que se deshacen en otoños.

viernes, 2 de enero de 2015

32



Aquí estoy de nuevo, después de meses, ante un espacio en blanco.

Al final, siempre acabo volviendo, aunque haya ido posponiendo el reencuentro.

Porque, nos guste o no, siempre acabamos encontrándonos en el papel, en las palabras, en las líneas.

Pero encontrarse a uno mismo, da pánico.

Y a quién vamos a engañar, soy un puto cobarde.