Hoy estabas bonita.
Me has mirado con medio millar de ojos
húmedos.
Como siempre.
He chapoteado un rato por los charcos que dejas en el asfalto,
donde el frío me ha calado hasta los huesos.
Tiritones de brisa llorona
que a ratos entran por la ventana.
Que me saben a abrazos, sucios y descompuestos.
El amargor de la última arcada,
que se va por la puerta cuando ni siquiera estoy mirando.
Quemas en las pupilas, secas de tanto mirar al Sol.
Todavía resuena el eco de tu supernova.
Y es atronador.
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