Excursiones por la nada.

Que tengamos un buen viaje.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Despierta Copenhague. I

Nunca había visto el cielo de aquella forma. El color ámbar del amanecer nunca le pareció tan implacable. La atmósfera parecía derramarse, cayendo por todos los edificios de la ciudad. Aquella mañana daba la sensación de que todos hubieran crecido, y ahora herían la bóveda celeste. En ella, la Luna aún podía vislumbrarse, único testigo de lo que realmente ocurrió aquella madrugada. Único superviviente ileso. Completamente redonda, de un blanco azulado, haciendo guardia incansablemente en la metrópolis apagada. Hay quienes se atreven a decir que aquella noche se quedó inmóvil durante un par de horas, deteniéndose en su órbita a medio completar. Al menos durante el breve período de tiempo en el que la gente se atrevió a hablar de aquel noviembre púrpura.

Seguramente, en un mes, pocos recordarían que el número 7 de la calle Prinsessegade había llegado a existir. Pocos serían capaces de nombrar la clase de acontecimientos que allí tuvieron lugar.

Lo habían dado todo por vivir, y no les quedó vida cuando quisieron darse cuenta de que el mundo se extendía más allá de aquella puerta azul astillada.

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