Excursiones por la nada.

Que tengamos un buen viaje.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Despierta Copenhague. II

El cielo era de un opresivo color púrpura, y una luz mortecina se filtraba por las cortinas ajadas de la habitación. Las nubes corrían por el horizonte, arrastradas por un viento tibio. Su movimiento cambiaba la iluminación de la sala, creando una orquesta de sombras que Árni observó durante un rato desde la cama. Se había quedado absorto por la macabra danza que se creaba en el muro, donde unas siluetas aniquilaban a otras, fundiéndose entre sí y derritiéndose a lo largo de los garabatos que había grabados en las cuatro paredes de la habitación.
Esos garabatos ya estaban allí cuando, sin preguntar a nadie, se acomodó en la casa, el noveno piso de un viejo edificio sin cerrojos, en una recóndita calle del centro de la ciudad. Los dibujos oscilaban, de forma aparentemente aleatoria, entre elementos figurativos y borrones puramente abstractos. Alrededor de la ventana, se presentaban unos trazos gruesos, que al observarse a cierta distancia, creaban un tupido entresijo de hojas, tallos, cortezas y flores, lo que daba un cierto aspecto exótico al carcomido marco de madera. Estos elaborados frescos contrastaban con emborronados bosquejos, sucios y corridos, que parecían arrastrarse hacia abajo por el tabique, como un proyecto de cuadro cuyo autor nunca fue capaz de terminar, derrotado en una batalla en la que la frustración había terminado ganando.
De nuevo, había acabado despertándose a una hora a la que la gran mayoría de la gente comenzaba a marcharse a casa. Otra vez más, había vagado por las calles, perdido, hasta que el Sol le había guiado a casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario